A falta de dos días para que este blog cumpla cinco años, retomo la actividad del mismo. Casi un mes de vacaciones. Casi mil posts. Casi parece primavera. Casi me traen algo los reyes.
Me he pasado un mes prácticamente desconectado de internet. O al menos mi actividad ha sido nula. Estreno un año nuevo para mí: en los últimos años siempre he estado tremendamente ocupado, con poco tiempo libre. Sin embargo ahora me estoy dando cuenta de que voy a disponer de ese tiempo. Ya no tengo que ir a trabajar y volver a casa para seguir preocupado con un artículo que hay que finalizar, o con leer otro artículo que me podrá ser útil. Ahora puedo hacer eso en el trabajo y punto. Incluso mi vida social, en estado comatoso terminal desde hace mucho tiempo, podría mejorar durante este año. Pero este último punto es complicado porque ya me he acostrumbrado a lo que tengo y no me disgusta del todo.
El lunes, vuelta al trabajo. Con cierta inestabilidad porque ya nadie puede asegurar que al gobierno no se le ocurra despedir a los que tenemos un contrato de mierda en investigación en cualquier momento. Vuelta a la normalidad después de haber comprobado cómo siempre hay gente en la calle y cómo siempre hay gente comprando, independientemente de la hora. Es un choque: en mi cabeza, las horas que van desde las 9 de la mañana a las 2 de la tarde son horas en las que no debería haber nadie por ahí (más allá de jubilados y gente en paro), pero sin embargo hay más personas a esas horas que a las 7 de la tarde. Y me sorprende.
No hay propósitos de año nuevo. Nunca los hay. O sí, pero a sabiendas de que esos propósitos no tienen sentido para mí. Lo que tenga que venir, vendrá. Y tocará aceptarlo. Como siempre, habrá gente que entrará, otros que saldrán, los habrá que se molesten, los que se alegren de verdad,… Lo de todos los años.