Un año después y aquí estoy de nuevo en Karlsruhe. Bueno, realmente entonces vivía en Blankenloch, viviendo con unos hindúes de los que supe más bien poco y ahora vivo en un hotel – cutre – junto a la estación principal de Karlsruhe. El resto es todo igual: misma gente, misma comida (primer día en el comedor del centro en el que estoy y ya tenía salchichas y la pasta que tanto comen por aquí) y misma lluvia. Realmente vengo con la mentalidad de que me va a llover todos los días que voy a estar aquí, para que no me coja desprevenido. Al menos no hace frío.

Me estoy recuperando de un pequeño resfriado que pasé la semana pasada, pero en cuanto esté bien, empiezo a salir a correr como un campeón. Eso también ha cambiado: el año pasado salía casi a diario por mitad del bosque, pero este año para llegar al bosque tengo ya un buen camino, así que lo normal será quedarse en un parque (realmente un trozo de bosque no edificado) que hay aquí cerca. Y los fines de semana, a correr kilómetros por entre los árboles.

Eso es lo mejor que tiene esta ciudad, sin duda. De lo que he visto por Europa, este bosque es sin duda de lo mejorcito (si te gusta este tipo de cosas). Si algún día me saco el carnet de moto, seguro que me haré algunas rutas por aquí.
En fin, toca salir a tomar algo por ahí. Con un argentino. Mi conocimiento del alemán es tan nulo que se agradece quedar con alguien con quien me entiendo bien. Y es que eso de que los alemanes hablan inglés es un mito que, desde luego, no se originó en esta ciudad. Llega a ser complicado incluso hablar con gente un poco más joven que yo y que están trabajando en el centro de investigación en el que estoy por su dificultad para el inglés. Y eso que mi nivel es bajo.
Aunque, ahora que lo pienso, algo sí ha cambiado. Estoy como loco por salir de aquí. El año pasado mi situación en Trujillo era una auténtica mierda, pero ahora me siento genial en el trabajo en Madrid. Y, mejor todavía, cuando vuelva lo haré sólo por unos poquitos días y luego me marcharé más lejos todavía, algo que sí que me hace una ilusión tremenda. Serán unas cuantas semanas fuera, dos de ellas de vacaciones. Sólo queda un mes para eso, sólo uno.