Va a ser un día raro en una semana rara: en cuestión de minutos se estropeó una semana que parecía plácida, que me iba a permitir hacer lo que tenía que hacer aquí. En un rato, tren a Frankfurt y vuelo a Roma. Poco más de 24 horas en la capital italiana, encerrado en una sala de reuniones, viendo el sol afuera. Raro. Después vendrá la vuelta precipitada a Karlsruhe para apurar los últimos días por aquí.

Tengo unas ganas enormes de volver. No es que esté mal aquí. Es más, mi vida aquí es sencilla, incluso me hacen la cama cada día y me tienen el desayuno preparado. Ni cuando vivía con mis padres. Por primera vez en mi vida, obviando lo evidente, considero que el sitio en el que estoy viviendo en Madrid, ese apartamento, es mi casa. Y me apetece estar allí, tirado en el sofá. Un rato. No quiero pelearme con el idioma. Y necesito vacaciones ya.
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2 Comments
Suele pasar... se llama hacerse viejuno.
suele suceder mi estimado, muchas veces cosillas cambian toda la jugada y si, no hay nada como estar en casita.
Saludos