Daily Archives: 30 September, 2009

Cajón desastre

Miércoles

Suena el despertador a las 7 de la mañana. ¿Por qué me quedaría anoche hasta la 1 trabajando? Mierda. Todas las persianas están bajadas y la verdad es que no me atrevo a subirlas, no quiero ver que es de noche, que las farolas están encendidas y que apenas hay gente por la calle. Mejor me pongo a preparar café y me doy una ducha. Ducha. Café caliente. Un par de tostadas, algo de fruta y un yogur. ¿O era yogurt? ¿Yoghurt? No sé, es una de esas palabras que ves escrita miles de veces pero que no te paras a pensar cómo está escrita, pero tampoco importa. En la tele hablan del Madrid, pero yo pienso que anoche jugó el Barcelona y que no han dicho nada. Habro la ventana, con la persiana bajada, para que entre el fresco. No se escucha nada. Empiezo a pensar que realmente estoy dormido, que son las 4 de la mañana y que estoy en la cama, que no me he duchado, que no estoy comiendo una tostada con mermelada de fresa, que es sábado.

Después de una hora, subo la persiana. Está oscuro, nublado, una leve llovizna, farolas encendidas, no hay gente por la calle… Mierda. Son las 8, me voy. Hace semanas que no llego al trabajo antes de las 9. No es que llegue mucho más tarde: siempre ficho a eso de las 9:10, pero es el retraso justo para que en la web que lleva el registro de fichajes ponga ‘Entrada tarde’. También podía poner ‘Salida tarde’, pero alguien se olvidó de esa parte. No voy a ir en bici porque con la cantidad de idiotas que hay en esta ciudad eso supondría jugarme la vida dadas las cuatro gotas que caen, así que decido ir en metro. ¿Tengo billete? Debería haber un bono por algún sitio. Sí, junto a la tele. Me parece recordar que estos bonos caducan, pero supongo que valdrá.

fresquete

Camino por la calle y sigo pensando que estoy dormido. O que sí que son las 4 de la mañana, pero que no estoy dormido y he salido a la calle solo mientras los demás han decidido desaparecer. Seguro que en este segundo caso soy Truman y hay alguien mirando a través de una cámara. Pues ese alguien se debe estar echando unas buenas risas mientras piensa lo idiota que soy por salir a las 4 de la mañana a la calle. Decido seguir hacia el metro aunque alguien me esté observando y aunque sean las 4. En la entrada a la estación reparten el 20 Minutos y el ADN, lo cual me hace ver que no son las 4, que hay alguien en las calles y que no soy Truman. O sí. No cojo ningún periódico porque prefiero seguir en mi burbuja que roza la estupidez y que me permite vivir al margen de lo que me rodea en ese momento.

La espera habitual

Monto en el metro. Hace un calor agobiante, un calor que se mezcla con un alto nivel de humedad y con los olores corporales de la gente que decide que deja la higiene para otro día, en su lista de tareas pendientes. Junto a mí, una mujer con cara de palo que no hace más que quejarse porque no tiene más espacio, un par de rumanos, unos cuantos latinos y algunos estudiantes. Estos últimos no sé si están de exámenes o si ya han empezado las clases. Pero qué voy a saber yo si otra vez pienso que son las 4.

Estación de Príncipe Pío. La mujer con cara de palo consigue aposentar su trasero en el asiento que hay delante de mí. Sigue con la cara de palo. Por algún motivo empiezo a pensar que es charcutera y me apetece pedirle cuarto y mitad de mortadela… sin aceitunas. Total, dentro de un rato me voy a despertar y no habré dicho eso. Nos ponemos en marcha. Una de las ruedas de mi vagón está un poco cascada y en la subida que nos lleva hasta Argüelles hace un ruido horrible acompañado de un olor a quemado bastante desagradable. Será que realmente me he quedado dormido en la ducha y se están quemando las tostadas. ¿Cómo me voy a dormir en una ducha? En Argüelles un anuncio de El Corte Inglés dice que el otoño ha llegado. Mierda. No me gusta que sea una empresa la que decida el momento el que empieza una estación.

Ciudad Universitaria. Me bajo. En la calle hay algo más de luz. Ya estoy seguro de estar despierto, pero todo me recuerda al instituto, a los dos primeros años en los que mi clase tenía ventanas que daban a una calle más o menos amplia desde las que se veían los autobuses, la gente pasar,… Esas ventanas desde las cuales no se veía nada en esos días de niebla que de vez en cuando aparecían y que tan poco me gustaban. Camino 15 minutos hasta el trabajo pensando que aquellas mañana de niebla eran mejor que estas mañanas en las que no sé si estoy despierto o si soy Truman. Ficho antes de las 9, así que me libro de ese mensaje de ‘Entrada tarde’, pero esto de llegar antes de lo normal tiene como consecuencia que mi compañero de oficina no esté. Es un triste. No es mala persona, pero ha puesto todos sus papeles en unos archivadores, sus bolígrafos están recogidos, tiene notas puestas perfectamente alineadas por todas partes,… Demasiado orden.

Contaminación madrileña

Al final, me conecto a una máquina remota y empiezo a trabajar. Ya sí, estoy despierto. Nadie me mira. Es todo bastante normal.