Reconozco que cuando camino por las ciudades me fijo en cosas raras. Cuando la gente está de turismo, suele fijarse en los monumentos que tanto suelen abundar en las zonas turísticas. Sin embargo a mí eso me importa poco. Recuerdo que en Cracovia nos llevaron en una visita guiada a enseñarnos lo más característico de la ciudad: que si la catedral, que si el trozo de muralla que quedaba, que si el castillo,… No atendí mucho a lo que el guía iba contando. Lo que más me llamó la atención fue la cola que había en el confesionario de la catedral. Ese es el tipo de cosas que me llama la atención.
Otro elemento típico en el que me suelo fijar es en los pájaros que hay en cada zona. En Centroeuropa los cuervos campan a sus anchas. Están por todas partes. De los dos meses en Alemania y de los viajes a Francia, Polonia, Hungría,…, tengo cientos de fotos de cuervos. En Extremadura, de camino al trabajo, todos los días me cruzaba con unos cuantos milanos, buitres, águilas, cigüeñas (incluyendo la única cigüeña negra que he visto en mi vida),… Caminando por Madrid lo que más me sorprende es la cantidad de cotorras argentinas que hay. Ojo, me refiero a las aves, que ya estabas pensando tú en una moza de origen argentino. Es algo que cada vez te encuentras más a menudo en las grandes ciudades, ya que la gente se compra esos bichos y luego no saben qué hacer con ellos, así que los sueltan y listos. Esos bichos son una plaga mayor aun que las palomas.
Como todos sabemos, las palomas acechan especialmente en las zonas más turísticas de las ciudades. Esto significa, por extensión ilógica, que las palomas se alimentan de turistas (la foto es un buen ejemplo de esta teoría: las palomas se van a zampar a la pobre zagalina que se cree que son unos simpáticos animales indefensos). Sí. Y si tenemos en cuenta que los turistas se comportan habitualmente como borregos, tenemos que siguiendo la lógica formal (si a implica b y b implica c, entonces a implica c) las palomas se alimentan de borregos. Esta teoría será aprovechada dentro de poco por la iglesia para decir que las palomas están protegidas y que los borregos, esto es, Jesús, esto es, ellos mismos, están indefensos.
Se masca la tragedia
Bueno, me he desviado un poco. El caso es que las palomas están quedando arrinconadas en esos espacios, porque en el resto de la ciudad las cotorras argentinas campan a sus anchas. Donde habitan estos bichos verdes, las palomas son una minoría que sabe que, antes o después, serán extinguidas por estos nuevos invasores. Por lo tanto, si a implica b, b implica c y c implica d, entonces a implica d, tenemos que las cotorras comen borregos. La que va a montar la Iglesia. En lugar de despertarme cada día con el típico sonido de los gorriones, ese sonido nada agradable que nos ha acompañado a todos desde que somos conscientes de que hay bichos que vuelan, ahora me despierto con el horrible sonido que emiten estas cotorras. Es lo malo de vivir junto a un parque que, además, está cerca de la Casa de Campo, auténtico caldo de cultivo de estos animales. Y estar a la hora de la siesta, con unos cuantos de árboles junto a la ventana, en los que habitan unos cuantos de estos bichos (consecuencia también de estar junto al otro lado de la Casa de Campo), no tiene precio.
Me voy a comprar un canario macho, que se ponga a cantar en casa a eso de las 7 de la mañana sólo para contrarrestar. Y para molestar, que también molestan lo suyo.


Autor