Esta tarde me ha dado por subir una de las montañitas que hay por aquí cerca con la bici. En un día típico de primavera, muy propio para recibir la estación invernal, era de lo mejorcito que se podía hacer. Después de una buena subida y la siempre relajante bajada, decidí dar una vueltecilla por Plasencia antes de volver a casa. En estas, que al pasar por debajo del puente Trujillo me encuentro un coche del que salen un par de gitanos, que había caído por un desnivel que hay junto a ese puente y que da a un aparcamiento, cutre, pero aparcamiento. Caerse ahí es realmente jodido, porque vas circulando por una calle en la que apenas puedes ir a más de 30 kilómetros por hora y tiene su anchura, así que salirse es bastante complejo. Pero bueno, el figura se ha salido y ha quedado ahí, colgado en un barranco y dando gracias por no haber continuado hasta el río.
Este accidente, por ser donde ha sido, se sitúa automáticamente en el puesto 2 de accidentes chorras en Plasencia. Lástima no tener fotos. El número uno está claro: es para el accidente de la oreja. Ese fue bastante bueno: una noche de sábado, otro gitano decidió que la trayectoria más óptima para sortear una rotonda es aquella que discurre por mitad de la misma. Ni corto ni perezoso, atravesó la rotonda por el medio, con tan mala suerte de que había una señal, cosas absurdas que tiene tráfico, en la rotonda y el gitano hizo chocar su coche contra la señal. Y aquí viene lo raro (si es que atravesar una rotonda por el medio no lo es ya): el tipo perdió su oreja izquierda en esa colisión. Sip, la oreja. ¿Por qué se sabe? Bueno, a la mañana siguiente, cuando la policía fue a ver qué había pasado con la señal, que estaba destrozadita en el suelo, se encontró que junto a la base de la misma había un cacho de carne. Era la oreja del gitano, que se la había dejado allí. Me imagino al gitano en casa, hablando con la Mari:
- Ayyyyy Maaaaari, qué cansao vengo después de toa la noche de jaraaaaana.
- Mi Antoooonio, ¿qué es lo que tienes ahí en la caaaaara?
- Náa, habrá sío el malaje del Vaaaaargas, que me habrá manchao con aaaaalgo.
- Antooonio, si no tienes oreeeeja.
- Ahhhh, pues no sé qué habrá podío pasaaaaal. Se vanterá el Vaaargas.
Claro, la policía cogió la oreja y en lugar de ir directamente al hospital, decidieron entrar en el Bar Florida, que está al ladito de la rotonda a tomarse un café. Total, la oreja llevaba ahí ya un buen rato. Desde allí, avisaron a los servicios médicos de la zona: si aparecía algún paciente al que le faltaba una oreja, que le detuvieran allí, que se había cargado una señal de tráfico. El tipo fue el domingo por la tarde al hospital. Joder qué grande.

Este accidente número 1 se produjo al ladito del número 2. La explicación es sencilla: los gitanillos que se dedican al siempre fructífero negocio de la venta de melocotones, tienen su sede operativa en un barrio de aquí al lado. Como el barrio se les quedó pequeño, tuvieron que extender MercaPlasencia a otras zonas más al norte de la ciudad, de forma que para ir su base operativa en el sur, tienen que pasar por ese punto en el que se producen los accidentes. Es lo que tiene la venta de melocotones. A continuación, una escena normal que se produce en esa sede operativa, entre dos clientas que han ido a comprar unos melocotones buenísimos y de las cuales sólo una consiguió llevarse las últimas piezas que quedaban allá.
En fin una pena. Los melocotones son malos. Como se puede observar, es una zona con unas vistas molonas a la catedral, pero que se encuentra en un estado lamentable por tanto ir y venir de camiones de melocotones, como el que se ve en el vídeo, y por la ausencia total de infraestructuras, vigilancia policial, etc etc etc, que hay en la zona.
Si quieres ver algo más de la compra-venta de melocotones y cómo se hace eso por aquí, puedes hacerlo aquí. Eso es del programa Callejeros, que tampoco es que se pueda tener como representativo: los melocotones no son tan malos y el sitio es muy agradable para pasear
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