Aznar, ese hombrecillo de poca estatura, vocecilla ridícula y bigote (coño, de estos ha habido unos pocos): “Soy un ecologista sensato“. Las explicaciones que da sobre el cambio climático no tienen desperdicio. Esto viene a confirmar que aquella reunión con Jorge Arbusto (hijo, aunque el padre también era tonto de remate) en la que puso los pies encima de la mesa mientras fumaba un puro y de la que salió hablando mexicano fue, sin duda alguna, la reunión que estadísticamente más asistentes anormales tenía. Dos de dos.



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