Dejar de crecer
Hora de cenar. Cosas de vivir en casa con tus padres: tienes que cenar con ellos. Está bien. De fondo, el sonido de esa caja que nos acompaña a casi todos los que leemos este blog desde que éramos unos renacuajos que apenas alcanzábamos a caminar a gatas tratando de toquetear los enchufes, de agarrarnos a cosa que sobresaliera de cualquier mesa aún sin saber qué podía caer sobre nuestras cabezas (¡el cielo, por Tutatis!).
Gazpacho para hidratar el gaznate, algo que con estos calores es muy agradecido y mejor que una de esas bebidas energéticas que tanto anuncian las multinacionales de refrescos. A continuación, un poco de ensalada, un bacalao de aupa y algo de fruta para terminar. En todo este tiempo, una cabeza ha ido apareciendo en esa caja tonta llamada televisión que algunos han sustituido por algo del grosor de un cartón, acabando con ese concepto tan bonito de ‘caja’. Asesinos de mitos.
Esa cabeza primero ha hablado de unos señores muy trajeados que dicen arreglar el mundo aunque en realidad sólo están para entretenernos mientras bebemos gazpacho en verano y sopa calentita en invierno. Después, y justo antes de la sección de deportes que condensa en 15 minutos las 8 horas diarias de deporte televisado que seguramente has podido contemplar tumbado en tu sofá, 20 minutos en los que gente como tú y como yo aparece en pantalla, interrumpidos de vez en cuando por la cabeza parlanchina, diciendo la atrocidad de turno que ha cometido.
Y es que ser adulto en este país es complicado. Si hacemos caso a la caja (o cartón) tonta, todos los varones de 40 años se dedican a:
- Matar a la mujer.
- Matar a la exmujer.
- Matar a la pareja.
- Matar a la expareja.
- Ver fotos porno de niños en internet.
- Conducir borracho a 190 kilómetros por hora por una carretera comarcal con 4 toneladas de hachís en el maletero.
- Cuarto y mitad de cada uno de los puntos anteriores.
Así que, antes de cumplir los 30, es decir, dentro aún de la edad según la cual soy joven para el Gobierno, quiere que se produzca una involución y comience una regresión (nada de colapsos) en el espacio-tiempo que haga que empiece a descontar años. Sí, me queda todavía un poco para llegar a los 30, pero ya sabemos que todos los trámites administrativos llevan su tiempo y hay que empezar pronto o te pilla el toro. Una vez consiga el permiso para empezar a descontar, seguiré haciendo lo que hacen los no adultos: pasear, conocer sitios, disfrutar, pasarlo bien,…, todo ello sin la presión de tener que elegir entre uno de los puntos expuestos.
Por si acaso, porque lo del procedimiento administrativo puede que no acabe jamás, voy a salir en busca de una máquina que según un amigo mío hace realidad tus deseos. Dicho aparato se llama Zoltar: si lo ves en tu ciudad, dame un silbidito.
He acabado la fruta. Apago la caja. Enciendo el ordenador. Se cierra el círculo.











