Ayudas Sociales
ce unas semanas amenacé con una entrada sobre lo que se consideran en este país medidas sociales. A ver qué tal sale.Esto no va de la medida de los 400 euros que unos cuantos líderes ideólogicos marxistas del siglo XXIII dicen que no es progresista por no ser progresiva (es que son dos palabras que las juntan y se lían), o de otras medidas relativas a la discriminación positiva (concepto chungo donde los haya). Voy a emplear una situación que ya he utilizado en bastantes conversaciones: las becas y la educación universitaria. Supongo que alguno se me mosqueará con esto: los improperios, vía mail please ![]()
En este país, si no me equivoco, la educación es obligatoria hasta los 16 años y a partir de ahí, lo que debería ser es que si el zagal tiene capacidad para seguir estudiando, que siguiera. Llegado a los 18 años un indígena de estos que salen ahora (imagínate a uno de esos con gorra, moto, la Jenny en la moto y tres o cuatro pendientes en el labio) tiene ante sí la posibilidad de estudiar una carrera. A Jonny, que es como se llama nuestro amigo, nunca le ha dado para mucho, pero como la educación secundaria cada vez requiere menos esfuerzo, pues llega ahí como un campeón: un año incluso aprobó religión. El día después del que considera el día más importante de su vida (el del botellón con el que celebra que ha acabado el insti) empieza a pensar, con la Jenny (ojo, que los papeles son intercambiables), en qué va a estudiar.
La educación universitaria es un derecho (¿alguién sabe dónde está el libro que recoge todos los derechos que tenemos?) pero no es un deber: nadie está obligado a estudiar una carrera universitaria. Pero aquí estamos obsesionados con que todo el mundo tiene que estudiar una carrera, así que Jonny va a elegir pasar cinco años en una ciudad donde se le asegure un mínimo de ocio. Su familia no tiene mucho dinero y el poco que tenía se lo gastó en la moto de Jonny y en jerseys enseña-ombligo para la otra componente de la familia: la Jenny hermana del Jonny (no confundir con la Jenny novia del Jonny). No hay problema, porque como tienen poco dinero, el zagal conseguirá una beca del Ministerio que le permitirá pasarse, como mínimo, un año de descojone lejos de casa. Este no va a llegar a ningún lado, es algo que todo el mundo sabía, pero habrá recibido ayuda del Estado. Su vida pasará entre trabajos temporales y ayudas de desempleo (más dinero del Estado).
Por otra parte tenemos a Juanito. Su padre es funcionario y su madre trabaja en una ofician. No viven mal, pero no es para tirar cohetes. Juanito es un lumbreras: el número uno en todas las asignaturas menos en educación física (tenía que meterlo para seguir con los estereotipos), premio extraordinario de bachillerato, el número uno en la selectividad (aquí no hay educación física),… Sabe que en un país civilizado las principales universidades se pegarían por él, le pagarían sus estudios, intentarían que se quedara como investigador en esa universidad,… Pero prefiere quedarse a este lados de los Pirineos y del Atlántico. El Estado no le va a dar una beca, no cumple el perfil. Tendrá que estar cinco años pagando una pasta. Como es un figura, la matrícula le saldrá gratis, una gran ayuda.
En los últimos años de sus estudios, Juanito se cruzará cada día con Jonny y Jenny2 (porque ha cambiado de Jenny) que van en un julay tuneao, con las ventanillas bajadas en Enero y con la música a toda leche. Este julay se lo compró el menda con la beca que le dieron en el segundo año gracias a que aprobó un par de asignaturas de libre elección el primer año y con un crédito a 20 años.
Esto, que es una gran exageración, ocurre. La solidaridad, el gasto social,…, se hace siguiendo unos criterios que no son válidos. En este caso, si uno es un crack, debe estudiar gratis (o casi) toda su vida. Si las cosas funcionaran como deberían, no deberían salir cada año tropecientos chavales de la universidad para acabar trabajando en el burryking. Juanito tendría (o al menos debería, gracias a su capacidad) que llegar a conseguir un sueldo majo, con un puesto también majo, y con unas retenciones más majas aún. Por ahí se recupera el dinero invertido en él. Pero lo que pasará será que Juanito acabará de currante cabreado, de tipo que hace el doble de horas de las que debería, mientras Jonny acaba en un puesto de más relevancia que él porque un día coincidió con el jefe de Juanito en el club (no de golf) y se hicieron colegas. Además, como es colega del jefe, tiene a su disposición un buen grupo de asesores que le explican las argucias legales o no, para dejar de declarar parte de sus ingresos.
Para quien quiera saber: siempre he estudiado con becas. Mis resultados académicos, sin ser los de un número uno, eran aceptables. Un año estuvieron a punto (por 50€) de quitarme la beca porque introdujeron un concepto bastante raro en la convocatoria que hizo que aunque los ingresos familiares no habían aumentado (mi padre cobrando el paro, con más de 50 años, y mi madre sin trabajo) estuviera rondando el límite de renta. Y mientras, un montón de mediocres que deberían haber repetido parvulario hasta el infinito y más allá, tenían una beca porque los ingresos familiares no se declaraban.
Y mientras tanto, a los gobernantes se les llena la boca diciendo que cada año aumenta el número de becas. Esto me cabrea: sólo nos interesa tenerla más larga que los demás. No se trata de tener más becas, se trata de tener becas repartidas de forma lógica y con una cuantía lógica. Y si el Jonny se queda sin poder estudiar porque sus padres no se lo pueden pagar, que se joda, nadie le obliga a ir a la universidad. Y si Jonny tiene un hermano listo que sí que sabe leer y escribir, que cuando va al súper no lo flipa con que exista una máquina que hace sumas, que tiene capacidad para ser ingeniero, licenciado,…, pues que este hermano reciba beca.
Alguno dirá: vale, pero es que si los padres de Jonny tienen pasta, ese tipo acabará los estudios, aunque sea en 15 años, y después viviará como un rey. Ok, también conozco ese caso. Y es otro problema. Si a las empresas les importa poco cómo de brillantes sean los licenciados que contratan, es que algo no está bien. Será que se realiza poco trabajo que requiera una auténtica cualificación. Cuando pienso en los figuras que conozco que están en esta situación, no puedo dejar de acordarme de Arguiñano en Airbag.
Todo ha sido una exageración, repito, pero la realidad puede (y lo hace) superar a esta exageración. Y ha sido sólo un ejemplo centrado en las becas. Hay muchos más.
Para otro día, me meto con las infraestructuras en este país, que en eso también nos gusta tenerla más larga que nadie.

