A través de Escolar he llegado a un artículo de El País en el que un investigador del CSIC habla sobre el proceso de selección del profesorado universitario, un proceso en el que el tener un buen enchufe resulta vital. Quitando lo que dice, que es aplicable a cualquier ámbito, no sólo a la universidad, me ha llamado mucho la atención los puestos de los que firman el artículo:
Firman este artículo Miguel Delibes de Castro. Profesor de Investigación. CSIC. Premio Nacional de Investigación Alejandro Malaspina. Fernando Hiraldo. Profesor de Investigación. CSIC. Director de la Estación Biológica de Doñana. Premio BBVA de Investigación en Biología de la Conservación. Joaquín Tintoré Subirana. Profesor de Investigación. CSIC. Director de IMEDEA. Premio Nacional de Investigación Alejandro Malaspina. Manuel Toharia. Presidente de la asociación española para la comunicación científica. José Antonio Donazar. Profesor de Investigación. CSIC. Xim Cerdá. Vicedirector de Investigación. EBD. CSIC. Javier Juste. Ex vicedirector de Investigación. EBD. CSIC. Antonio Delgado. Estación Experimental del Zaidín. CSIC. Luis Rull. Catedrático. Universidad de Sevilla. Juan Martínez Hernández. Jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública. Hospital Carlos III. Madrid. José Luis Blanco. Profesor Titular. Universidad Complutense. Antonio Rodríguez Artalejo. Catedrático. Universidad Complutense. Eduardo Costas. Catedrático. Universidad Complutense
Como puede verse, buena parte de los que firman pertenecen al CSIC,
). Bueno, que me quemo mucho cuando veo estas cosas, que me parecen un acto de hipocresía increíble porque me gustaría que cada uno de ellos contara cómo ha llegado a sus respectivos puestos.
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2 Comments
Y tú y yo si estuviéramos en esa lista pues jugaríamos al mismo juego... ¿O es que vas a ser el primero en tirar piedras contra tu propio tejado? Y eso pasa en la administración pública, el juego del fariseo, la paja y la viga (esa parábola tan absurdamente divertida para un adolescente).
A mí lo que me cabrea es que una de las razones por las cuales el gobierno de Aznar esgrimía con saña la famosa LOU era, precisamente, el fomento de la movilidad que, en principio, acabaría con los enchufismos descarados en las universidades públicas. Años después la LOU no tiene visos de moverse un ápice y los enchufismos siguen ahí, en todo el mundo académico (amén de las luchas intestinas de poder, movidas por profesores más interesados en acaparar dinero y fama que en enseñar a sus alumnos...).
Sí, amiguito, el mundo es una mierda y las reglas del juego apestan, pero tienes dos opciones, seguirlas al pie de la letra o romper la baraja.
Pero es que estamos hablando de un círculo vicioso que es imposible de cambiar (al menos a nivel individual y desde lo más bajo). La LOU podía ser una buena idea, pero repito que en ese caso habría que bajar aún más para ver cómo se consigue entrar en un grupo potente, que te da muchos más méritos a la hora de enfrentarte a un tribunal de evaluación.
. Por eso mismo creo que rara vez he criticado (de forma seria) a un funcionario por trabajar poco. Lo que sí que he criticado es el desinterés que muestran muchos de ellos en determinadas circunstancias.
También digo que si fuera funcionario, no me iba a pegar una paliza a trabajar: ¿para qué? Bueno, no lo hago ni en la empresa privada,...