Irrealaria

Leyendo los titulares grandes

Como dije en la anterior entrada, me limito a leer los titulares de los periódicos españoles. Para desintoxicarme, o algo así. Hoy los titulares eran de los bueno: Rodrigo Rato deja Bankia. O le han echado, que se aproxima más a la realidad. El gran estadista, el autor del milagro español de los 90 y los primeros años de la pasada década, el paladín de esos salvapatrias que ahora gobiernan el terruño… él, fuera de Bankia. Porque la ha cagado, básicamente.

Dicen que ha presionado el FMI. Y es que debe ser que en el FMI le conocen bien, cosa que parece ser que no es igual entre el pueblo español. Recordemos que este tipo salió escopetado ‘por razones personales’ de la presidencia del FMI justo cuando estaba empezando a petar todo el tema de las subprime. Vamos, que la había cagado y se marchaba. O lo que es lo mismo, que lo echaban. Al estadista.

Me hace gracia pensar en cómo se cuece el forzar a un tipo de estos a dejar su cargo. Qué llamadas hay, qué cotilleos, las filtraciones,… Me monto una historia muy peliculera, consciente de que cualquier invención mía se queda corta en comparación con la realidad.

Mi mundillo

Que hablen de ti

… aunque sea para mal.

Sigo tratando de acostumbrarme a la vida australiana, al acento, al invierno (que ya ha llegado por aquí), a los horarios,… Estoy convencido de que dentro dentro de poco, cuando la morriña empiece a aparecer, y me mosquee con la mitad de las cosas que me rodean, una de esas cosas será la inoperancia australiana. Tampoco es inoperancia… o sí. Uno viene a este país con la idea de que es un país desarrollado y luego te encuentras con que, por ejemplo, tardan 10 días en instalarte internet. En Madrid tardaron un día en ponerme internet en casa. Igualito. A mí me parece que aquí todo va lento, que la gente la caga continuamente, que todo se desarrolla en base a ‘esto no funciona, pero lo hará; eso sí, no sabemos cuándo lo hará’.

En fin, que a lo que iba. Cuando la gente me pregunta de dónde soy y les contesto que España, siempre hay dos cosas que saben: paella y crisis. También saben de los sanfermines, por supuesto, ya que para algo son unos asiduos de Pamplona en julio. Y de Barcelona. Pero ahora te hablan de la crisis. En los periódicos es normal leer referencias a España por cómo la evolución de la crisis en España afecta a la economía australiana (en fin…). Total, que te preguntan cómo es posible eso de más de un 20% de paro y bla bla bla. Y puestos a sacar algo positivo, pues uno recurre a los tópicos y a las frases hechas, como la que da título a esta entrada.

No me libro de la crisis española ni en Australia, está visto. Y eso que intento no leer demasiado los periódicos, más allá de los titulares. Me vuelvo a intentar comprender las reglas del fútbol australiano. Si vives en Melbourne, tienes que ser de un equipo. Y saber qué es lo que ha hecho ese equipo. Sirve de tema de conversación. De los que he visto el que más gracia me ha hecho ha sido Hawthorn, así que habrá que decantarse por él. Además, es el equipo del sureste, que es donde vivimos.

Cajón desastre

Empezando la normalidad

Segundo finde por aquí y el primero que se puede considerar más o menos normal. Tenemos que buscar un sitio en el que vivir pasadas las cuatro primeras semanas, así que estamos buscando un poco. Tenemos prácticamente decidida la zona en la que queremos vivir, así que sólo queda buscar algo donde se pueda vivir de forma mínimamente decente. Y no es fácil. Los alquileres aquí son caros, como todo en este país. Por menos de 300 dólares a la semana lo que encuentras son sitios para que duerma el perro. Y de ahí, para arriba, cuanto más subas el precio, mejor (como en todas partes). Y sí, aquí el precio de los alquileres es semanal, no mensual.

Hoy fuimos a nuestra primera barbacoa australiana. Eso, aquí, es parte de la experiencia. Si te invitas, vas. Antes de la barbacoa, visita a las playas de St. Kilda y Brighton. Un café (otra parte de la experiencia australiana) por la primera y luego un paseo rápido por la segunda para ver a la gente haciendo kitesurf. De fondo, el skyline del CBD (Central Business District) , que es como se conoce al centro de la ciudad, lo que viene siendo el centro financiero. Eso sí, aquí el CBD es casi todo, en el sentido de que no es simplemente un sitio de negocios: es donde sucede casi todo. Por ejemplo, el viernes estuvimos cenando en Chinatown, una zona con muchísimo ambiente por la noche, que es también parte del CBD.

Melbourne from Brighton

Hasta ahora lo normal ha sido encontrarnos siempre con mucho calor. Si te da el sol, pasas calor. Parece que eso ya cambia porque esta semana dicen que lloverá casi cada día. Vamos, que poco a poco vamos avanzando hacia el invierno y eso se irá notando. Dicen que en Melbourne llueve y que es bastante gris, nada que ver con la imagen que mucha gente puede tener de este país. Y es cierto que esa imagen se cumple en gran parte del país, pero Melbourne está muy al sur y eso afecta al clima. Aquí, llueve.

Mi mundillo

Cabeza abajo

Saludos desde las antípodas. Llevamos por aquí cuatro días y hoy ya me ha tocado ir a trabajar. Todo tranquilo, como casi siempre que se cambia de trabajo. Ya veremos cuando empiece el ritmo normal de trabajo. Hasta ahora todo está siendo bastante positivo, con la única queja de la cantidad de veces que un australiano medio puede llegar a equivocarse y cagarla. Doy por seguro que eso me va a molestar mucho en poco tiempo, pero todavía lo veo incluso gracioso.

Melbourne (ciudad conocida por aquí como ‘Melbon’) es enorme. Vivimos a unos 30 kilómetros del centro y no estamos ni mucho menos a las afueras. En la periferia todo es muy tranquilo, verde, con poca gente (bueno, hoy hemos estado por Oakleigh y allí había gente a tutiplén), muchos coches,… En el centro, edificios enormes, mucha actividad, consumismo exagerado,… A mí me recuerda mucho a Estados Unidos, pero con mejor rollo. Seguro que hay zonas malas, seguro que hay pobreza, pero no es tan visible como en el país norteamericano.

Seguiremos informando.

Mi mundillo

A buenas horas

El viernes es mi último día en la oficina. Llevo viniendo en bici al trabajo dos años. En el último año he tenido que pasar, cada día, junto a un vertido de aguas fecales en la Avenida de Séneca. Este invierno ha habido algunos días que estaba congelado por la mañana y no olía demasiado, pero lo normal ha sido tener que aguantar un olor realmente asqueroso. El agua venía de uno de los colegios mayores que hay en esa calle. Hoy, al fin, han decidido empezar a arreglarlo. Debe ser la crisis, que ha hecho que no hubiera dinero para eso. Cuestión de prioridades, porque parece que para según qué cosas siempre hay dinero en este país.

En fin, que el viernes igual ya puedo venir a trabajar sin ese olor. Lo justo para despedirme. Mañana no, que toca huelga. Huelga que estoy convencido de que hay que hacer, muy a pesar de sindicatos, de partido socialista (¿por qué no hicieron huelga hace nada contra lo que hacía el gobierno? ah, que es que el gobierno eran ellos), a pesar de pseudopolitiquillos que desde la oficina animan a hacer huelga y consiguen lo contrario (si quieres hacer política, métete a político y déjanos a los demás en paz, vago)…

Un par de días más de trabajo y listo.

Mi mundillo Música

Disparate Youth

Parecía que estaba todo acabado, pero ahora me toca lidiar con la administración del sitio en el que trabajo. Tiene un toque bizarro, de puestos heredados, de despachos de los 60, que tiene su gracia. Incluso, muy de vez en cuando, te encuentras con alguien simpático que, en un momento, te resuelve lo que los demás energúmenos no te han querido resolver. Mundillo de reglas ad-hoc, de protocolos que se cambian en cuestión de minutos, de papeleos, de sí pero no, de no pero sí. Una risa, porque es como hay que tomárselo. Tres semanas y cambio de continente. Va tocando despedirse de quien pueda despedirme, con la pena de saber que habrá personas a las que hace tiempo que no veo y no podré decir ‘hasta luego’.

Me adelanto al vídeo de la semana. O pongo el de la semana pasada, que no sé muy bien cómo va. Hace una semana estaba por Garching, a las afueras de Alemania, en el que era mi último viaje de trabajo por aquí. Tengo que hacer un post resumen con los diferentes chiringuitos visitados en estos últimos cinco años. Bueno, el vídeo, para Santigold. Ojo que se pega. El nombre de la copla, ‘Disparate Youth’.

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