Fanboy
Sábado por la tarde. Reunión con unos amiguinos en Cáceres para ver el partido de España contra Estados Unidos. Todo listo: cervecitas, panchitos, aceitunas, pipas y ganas de echarse unas risas.
Final del primer cuarto. Vamos bien: no metemos ni una y ellos las meten todas pero no estamos nada mal. Sabemos a lo que jugamos, ellos están obsesionados con defender a los que conocen de la liga americana y eso nos va bien (nosotros pensábamos que iban a defender igual a Garbajosa y Navarro, que no necesitan defensor y eso nos alegraba).
Todas nuestras risas se concentran en Anthony, el tío más tonto que he visto en una pista de baloncesto desde que Chris Dudley decidió dejarlo. La verdad es que Anthony las estaba metiendo, pero nosotros sólo podíamos pensar en cómo le daríamos un codazo sin que se notara demasiado (hasta que alguien dijo ‘¿qué más da que se note?’).
A los pocos minutos de comenzar el segundo cuarto el objetivo de nuestras burlas cambió. Ahora teníamos un nuevo energúmeno con el que meternos: el comentarista de Televisión Española. Romay no porque es muy alto. Podían haber dicho que el comentarista era un flipado de la NBA que sólo ve virtudes en los saltarines estos y que estaba deseoso de decir que los españoles eran unos mierdas. Bueno, a lo mejor lo ha dicho, pero nosotros de eso ya no nos hemos enterado. Es más, ni siquiera sabíamos cómo había acabado el partido: sólo nos hemos concentrado en este tipo.
Ya sabemos que son muy buenos los zagales de la selección estadounidense. Ya sabemos que saltan, que corren, que machacan, que hacen pasos de salida, que reparten palos a tutiplén, …, y por eso, porque lo sabemos, no necesitamos un fanboy ahí dando el coñazo. Si quiere, que se marche a hablar con la gente de USA Basketball a ver si consigue un contrato como mascota. Y mientras, que deje lo de los partidos de España. En serio, no hace falta.
Y es que ya lo habíamos sufrido antes, en los partidos de la gira de preparación de los estadounidenses. Ahí, Ferrán ‘Forrest Gump’ Martínez demostraba que estaba al nivel intelectual de Anthony y que necesita que alguien le limpie la baba cuando ve que un jugador es capaz de botar el balón en el parquet en lugar de hacerlo sobre su propio pie. En la actual selección canadiense podemos jugar casi cualquiera de los que somos capaces de dar un paso tras otro de manera casi natural y aún así nos vendieron aquello como el no va más.
Quiero a Epi, necesito el antiamericanismo baloncestístico de Iturriaga, el odio profundo a los jugadores balcánicos de Pedro Barthe y no quiero a un fanboy de la NBA. Si se retransmite a la selección española, hay que ir con la selección española; no hace falta gritar ni comportarse como un hooligan radiofónico: sólo hay que querer que gane la selección.
PD.- Sigo diciendo que ganamos el oro.






